lunes, 5 de marzo de 2012

Ayacucho, un destino imperdible en Semana Santa

MARÍA HELENA TORD
El mejor lugar para pasar la Semana Santa en nuestro país es definitivamente Ayacucho. Especialmente este año en que sus iglesias más emblemáticas estrenarán una nueva iluminación. Misas en quechua, alfombras de flores y un fervor religioso que ya casi no se ve en muchos lugares del mundo. Sea católico o no, el espectáculo emociona a cualquiera. Es realmente conmovedor caminar por las calles de la antigua Huamanga y encontrarse con los pobladores de los distintos barrios, unos rezando y otros decorando sus iglesias para recibir a las vírgenes y santos que llegan en andas. Los días centrales de la Semana Santa son el Domingo de Ramos, que es cuando se realiza la procesión, y el Viernes Santo, cuando la población ayacuchana acompaña a la Virgen Dolorosa portando velas y cirios encendidos. El Domingo de Resurrección hay que levantarse muy temprano para no perderse en la madrugada el paseo en andas y la procesión.
La Semana Santa es un pretexto para visitar Ayacucho y sus alrededores, pero hay que tomar en cuenta que, al igual que nosotros, muchos saldrán de viaje, por lo que es bueno estar preparados, considerar otros circuitos alternativos a las rutas tradicionales de turismo y darse la oportunidad también de conocer algo nuevo.
OTRA MIRADA
Si deseas ver la ciudad desde otra perspectiva y tranquilidad, entonces dirígete al mirador de Acuchimay, conocido por su estructura de portales y porque desde allí se puede ver tanto Huamanga como sus alrededores. Otro de los atractivos principales es Wari, complejo arqueológico ubicado a 22 km de la ciudad y que comprende la piedra de sacrificio, el Templo Mayor, el sector ceremonial y el Cheqo Wasi.
TIERRA DE ARTISTAS
Ayacucho también se destaca por ser el lugar de artesanos y artistas. Sin salir de la ciudad, hay un circuito que puede hacer en una tarde visitando el barrio de Santa Ana, donde se congregan los tejedores, o recorrer las calles de Belén en busca de sus famosos retablistas. El poblado de Quinua está a la salida de la ciudad, 22 kilómetros al norte. Es famoso por sus pampas donde fue la Batalla de Ayacucho que definió la emancipación del Perú y de toda América del Sur del dominio español. También es conocido porque alberga a hábiles artesanos que trabajan la arcilla y que realizan una elaborada cerámica típica de este lugar.
RUMBO SUR
Si deseas salir de la ciudad por un día, lo mejor es Vilcashuamán. Luego de una hora de camino de trocha y dos de camino afirmado, por la ruta que va hacia el Cusco se llega a este antiguo poblado que fue un importante asentamiento durante la época incaica y que estaba situado estratégicamente en la red vial del Qhapaq Ñan o Camino Inca, a igual de distancia de Quito como de Chile. La mayoría de las casas actuales ocupan el lugar del antiguo emplazamiento incaico. Incluso muchas han sido construidas con los muros de las ruinas incas.
En la plaza principal se halla aún el Templo del Sol, sobre el cual se levantó, a fines del siglo pasado, la iglesia San Juan Bautista, de modo que las torres de esta descansan sobre muros incaicos. Hacia el otro lado de la plaza, sobresale imponente una gran pirámide escalonada de varios niveles que nos recibe con una puerta de doble jamba de forma trapezoide, lo que indica el carácter sagrado del lugar al que estamos ingresando. El estilo de sus construcciones nos remiten a las del Cusco. Ello se debe a que desde la llegada al poder de Pachacútec se estandarizaron las construcciones. Sus descendientes, Túpac Yupanqui y Huayna Cápac, continuaron con las normas de construcción al estilo cusqueño en los conjuntos monumentales de las regiones conquistadas.
Este es un lugar para recorrerlo con calma y perdernos entre sus calles de tierra, donde las pequeñas casas serranas nos sorprenden con detalles de manufactura inca en su labrado.
EL REINO DE LOS PICAFLORES
Un punto cercano a Vilcashuamán es el poblado de Vischongo, que es el lugar de partida para iniciar la caminata al bosque de puyas Raimondi más grande del mundo: Titankayoc. Este paraje alberga unos 250 mil ejemplares de esta peculiar especie de bromeliácea que llega a medir hasta 14 metros de alto y que florece una vez en la vida a la edad aproximada de 60 a 80 años. Cuando esto se produce es todo un espectáculo, ya que es la planta que posee la inflorescencia (volumen de flores que da una planta) más grande del reino vegetal. De su interior brotan unas hermosas flores blancas que aparecen generalmente entre agosto y octubre. En estos singulares bosques de gran altura también habitan vizcachas, comadrejas, así como venados, zorros y aves autóctonas de este medio ambiente como el picaflor gigante, que se alimenta de la flor de la puya. Si tienes suerte puedes llegar a observarlos muy de cerca.
Otro lugar de la zona que vale la pena visitar es la laguna de Pomacocha, que se ubica a solo unos 5 kilómetros de la localidad de Vischongo. En las inmediaciones de la laguna se encuentran los restos del complejo inca Intihuatana. Estos destacan entre cuidadosas piedras labradas con finos acabados que forman parte de un asentamiento de élite.

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